Trasplante de riñón

La diabetes, a veces, produce tanto daño en los riñones que hace que no funcionen más. Cuando un riñón deja de funcionar, la persona necesita sustituir su funcionamiento con diálisis o con un trasplante.

  • Con la diálisis, la sangre se filtra a través de un riñón artificial o el revestimiento en su abdomen para limpiarlo.
  • Actualmente se implantan riñones procedentes de un donante vivo o fallecido.
  • Ambos métodos tienen sus riesgos y complicaciones, pero el trasplante ofrece mejores posibilidades de supervivencia.

Dialisis

La diálisis es la terapia renal de remplazo más común, es una manera de limpiar la sangre con un riñón artificial. Hay dos tipos de diálisis: la hemodiálisis y la diálisis peritoneal. No importa cual escoja, la persona que recibe diálisis necesita trabajar junto con su médico para mantener la diabetes bajo control.

La hemodiálisis

En la hemodiálisis, un riñón artificial elimina los desechos de la sangre. Un cirujano debe crear primero un "acceso", un lugar donde la sangre puede ser extraído fácilmente del cuerpo y se envía al riñón artificial para la limpieza. El acceso, por lo general en el antebrazo, se puede hacer de los propios vasos sanguíneos del paciente o de un trozo de tubo implantado. El acceso está dentro del cuerpo y no puede ser visto desde el exterior. Por lo general, esta cirugía se realiza de 2 a 3 meses antes de comenzar con la diálisis para que el cuerpo tenga tiempo de sanar.

La diálisis peritoneal

Otra forma de diálisis se llama diálisis peritoneal. El revestimiento interior del abdomen (peritoneo) se convierte en el filtro. El cirujano pone un tubo de plástico blando en el abdomen. Cuando el cuerpo se cura, el fluido de limpieza (dializado) se introduce en el abdomen a través de este tubo. Los productos de desecho en la sangre pasan a través del peritoneo en el dializado. A continuación, el líquido de diálisis, junto con los productos de desecho se drena.

Trasplante de riñón

Una alternativa para el paciente con enfermedad renal en etapa terminal [ESRD, end-stage renal disease] es un trasplante de riñón. Los trasplantes son más exitosos cuando el riñón proviene de un familiar vivo. Otra opción es el riñón cadavérico (un riñón de una persona sin vínculo sanguíneo que acaba de fallecer).

Después de un año de recibir el riñón de un familiar vivo, alrededor del 97% de las personas con diabetes permanece con vida. Transcurridos 5 años, la cifra ronda el 83%. En el caso de las personas que reciben un riñón de una persona recientemente fallecida, aproximadamente el 93% permanece con vida luego de un año y el 75% se encuentra con vida pasados los 5 años.

Esas cifras quizás causen temor, pero las personas que padecen insuficiencia renal morirán si no reciben tratamiento. Para los pacientes que optan por el tratamiento con diálisis, sólo alrededor de un tercio permanecen con vida después de transcurridos 5 años. Por lo tanto, si bien el trasplante de riñón es una operación que reviste seriedad, ofrece la mejor alternativa de supervivencia a las personas con enfermedad renal en etapa terminal.

Nuestro organismo está dotado de un complejo sistema que le permite discriminar sus propias partes de partes extrañas. Con el fin de que el organismo acepte el órgano del donante, los médicos procuran que el donante y el receptor del órgano sean compatibles en cuanto al tipo de antígeno leucocitario humano (HLA), que es un tipo de proteína que se encuentra en la sangre. Es fundamental que exista una fuerte compatibilidad cuando se utiliza un riñón proveniente de un donante vivo. En cambio, no existen evidencias claras en cuanto a la importancia de la compatibilidad del HLA en el caso de riñones cadavéricos. Algunos médicos creen que, por lo menos en el caso de las personas afroamericanas, todos los riñones cadavéricos tienen las mismas probabilidades de ser aceptados o rechazados, sin importar la compatibilidad del HLA.

Desafortunadamente, hay muy pocos riñones para todas las personas que los necesitan. La cantidad de donantes de órganos no es suficiente. La escasez persiste aun cuando cada persona recibe un sólo riñón por vez. Si bien normalmente el cuerpo posee dos riñones, podemos vivir bien con uno sólo, siempre y cuando el riñón esté sano y funcione correctamente.

La ley federal estipula que la donación de riñones debe realizarse de manera justa y eficiente. En el sistema actual, existe una lista nacional con los nombres y tipos de HLA de las personas que necesitan riñones cadavéricos. Cuando se encuentra disponible un riñón proveniente de un donante, los médicos analizan quiénes son las personas de la lista cuyos tipos de HLA poseen la mejor compatibilidad con el tipo de HLA del donante. Si son varias las personas con la misma compatibilidad, recibirán los riñones las dos personas que más tiempo llevan esperando. Algunas personas deben esperar años para conseguir un riñón. Mientras tanto, los pacientes en lista de espera se someten a diálisis.

A pesar de que entre el donante y el receptor puede existir la mejor compatibilidad de HLA, es posible que el organismo no reconozca el nuevo riñón como propio. Por ese motivo, las personas con trasplante de riñón deben tomar ciertos medicamentos por el resto de sus vidas. Esos medicamentos se denominan inmunosu-resores porque reprimen al sistema inmunológico para evitar que rechace el nuevo órgano. Esos medicamentos incluyen la azatioprina y ciclosporina A. A pesar de esos medicamentos, algunos trasplantes de riñón no tienen éxito. Cuando el organismo ataca al nuevo riñón por considerarlo extraño, se dice que se produjo un rechazo.

Los medicamentos inmunosupresores traen peligros aparejados. Si bien la supresión de las funciones del sistema inmunológico sirve para evitar que dicho sistema detecte al órgano extraño, al mismo tiempo y por la misma razón, también impide la detección de infecciones. Como consecuencia, las personas se enferman con más facilidad. Esos medicamentos también poseen varios efectos colaterales.

El nuevo riñón no cura la diabetes, y la enfermedad puede dañarlo tal como lo hizo con los dos anteriores. Sin embargo, antes de que los riñones originales de la persona dejaran de funcionar, pasaron varios años. Si, efectivamente, el nuevo riñón desarrolla nefropatía diabética, también pasarán años antes de que deje de funcionar.

Riesgos y beneficios

Los trasplantes de riñón son menos riesgosos en las personas que no padecen enfermedades cardíacas ni vasculares. Antes de realizar el trasplante, su médico estudiará su sistema circulatorio para comprobar que esté lo suficientemente sano para soportar el riesgo que conlleva la operación.

Como sucede con cualquier operación, cuanto más saludable se encuentre, mejor podrá sobrellevar el estrés físico de la intervención quirúrgica. Entre los posibles efectos secundarios de la cirugía se encuentran las hemorragias y las infecciones.

Los medicamentos inmunosupresores son agresivos para el organismo, pero las personas que reciben trasplantes deben tomarlos el resto de sus vidas. La azatioprina y la ciclosporina, dos medicamentos que se utilizan con frecuencia, aumentan sus probabilidades de contraer infecciones y tienen otros efectos colaterales. Será necesario que evite el contacto con personas que tienen infecciones, tales como resfrío o gripe. Además, no podrá vacunarse sin antes consultar con su médico. Esos medicamentos también pueden dañar los riñones. Por ejemplo, la utilización de cualquiera de esos medicamentos durante el transcurso de varios años puede incrementar el riesgo de padecer algunas clases de cáncer.

Como consecuencia de esos riesgos, solamente se somete a trasplantes de riñón a las personas cuyos riñones ya no funcionan.

  • La última revisión: July 10, 2013
  • última edición: November 3, 2013