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Enfermedad Renal
Los riñones son órganos extraordinarios. En su interior, se encuentran millones de vasos sanguíneos diminutos que actúan como filtros. Esos vasos sanguíneos son los encargados de eliminar los productos de desecho de la sangre.
En ocasiones, ese sistema de filtrado falla. La diabetes puede causar daño renal y, como consecuencia, los riñones dejan de funcionar. Cuando los riñones fallan, pierden la capacidad de eliminar los productos de desecho. Como resultado, sobreviene la enfermedad renal.
¿Por qué la diabetes puede ocasionar enfermedad renal?
Cuando nuestro cuerpo digiere los alimentos que ingerimos, en el proceso se generan productos de desecho. En los riñones, hay millones de vasos sanguíneos diminutos (capilares), con agujeros incluso más pequeños en su interior, que actúan como filtros. Cuando la sangre fluye a través de los vasos sanguíneos, pequeñas moléculas, como por ejemplo productos de desecho, se introducen por los agujeros. Esos productos de desecho pasan a formar parte de la orina. Las sustancias útiles, como las proteínas y los glóbulos rojos, son demasiado grandes para pasar por los agujeros del filtro y, por consiguiente, permanecen en la sangre.
La diabetes puede dañar ese sistema. Los niveles altos de glucemia hacen que los riñones filtren demasiada sangre. Todo ese trabajo adicional deteriora esos filtros. Después de algunos años, los filtros comienzan a agujerearse. Las proteínas valiosas se van con la orina. La microalbuminuria son pequeñas cantidades de proteína en la orina. Cuando la enfermedad renal se detecta en sus comienzos(durante la microalbuminuria), existen varios tratamientos que pueden ayudar a evitar que la enfermedad renal se agrave. La presencia de grandes cantidades de proteína en la orina se llama macroalbuminuria. Por lo general, cuando la enfermedad renal se detecta más adelante (durante la macroalbuminuria), sobreviene la enfermedad renal en etapa terminal [ESRD, end-stage renal disease].
Con el paso del tiempo, el estrés producido por el trabajo adicional que realizan los riñones provoca que éstos pierdan su capacidad de filtrado. Como consecuencia, los productos de desecho comienzan a acumularse en la sangre.
Por último, los riñones dejan de funcionar. Esa incapacidad para funcionar de los riñones, que se denomina ESRD, es muy grave. Las personas que padecen ESRD necesitan un trasplante de riñón o que una máquina les filtre la sangre (diálisis).
¿Quiénes padecen enfermedad renal?
No todas las personas que padecen diabetes tienen enfermedad renal. Entre los factores que pueden influir en el desarrollo de la enfermedad renal se encuentran la genética, el control de azúcar en la sangre y la presión arterial.
Cuanto mayor es el control que realiza una persona de la diabetes y la presión arterial, menos probabilidades tiene de contraer la enfermedad renal.
Síntomas y diagnóstico de la enfermedad renal
Los riñones realizan un gran esfuerzo para compensar el mal funcionamiento de los vasos capilares y, por consiguiente, la enfermedad renal no presenta ningún síntoma hasta que prácticamente los riñones dejan de funcionar. Además, los síntomas de la enfermedad renal no son específicos. Por lo general, el primer síntoma de la enfermedad renal es la acumulación de líquidos. Otros síntomas de la enfermedad renal son: pérdida del sueño, disminución del apetito, dolor de estómago, debilidad y problemas de concentración.
Es fundamental visitar al médico con regularidad. El médico puede medir la presión arterial, controlar la orina (para detectar proteínas), la sangre (en busca de productos de desecho) y examinar los órganos para detectar otras complicaciones provocadas por la diabetes.
Prevención de la enfermedad renal
La enfermedad renal en personas diabéticas puede prevenirse si se mantiene el nivel de glucemia dentro de los parámetros ideales. Las investigaciones han demostrado que el control riguroso de la glucemia reduce en un tercio el riesgo de padecer microalbuminuria. En los casos de las personas que ya sufrían de microalbuminuria, el riesgo de desarrollar macroalbuminuria se redujo a la mitad. Otros estudios sugieren que el control riguroso de la diabetes puede revertir la microalbuminuria.
Tratamientos para la enfermedad renal
Los controles rigurosos de la glucosa en la sangre y la presión arterial constituyen tratamientos fundamentales para la enfermedad renal. La presión arterial causa un efecto extraordinario sobre la velocidad con que avanza la enfermedad. Incluso un pequeño aumento de la presión arterial puede provocar que la enfermedad renal empeore rápidamente. Las siguientes son cuatro alternativas para reducir la presión arterial: perder peso, ingerir menos cantidad de sal, evitar el consumo de alcohol y tabaco, y realizar actividad física con regularidad.
Si esos métodos no dan resultado, existen ciertos medicamentos que pueden contribuir a reducir la presión arterial. Existen muchas clases de medicamentos para la presión arterial. No todos son aconsejables para las personas con diabetes. Algunos provocan un aumento del nivel de azúcar en la sangre u ocultan algunos de los síntomas causados por ese nivel bajo de la azúcar. Por lo general, los médicos recomiendan que las personas con diabetes tomen los así llamados inhibidores de la ECA, que son medicamentos para la presión arterial.
Los inhibidores de la ECA se recomiendan para la mayoría de las personas con diabetes, presión arterial alta y enfermedad renal. Estudios recientes sugieren que los inhibidores de la ECA, entre los que se incluyen el captopril y el enalapril, retrasan la progresión de la enfermedad renal y reducen la presión arterial. De hecho, esos medicamentos se recomiendan incluso para las personas que no tienen presión arterial alta.
Otro tratamiento que los médicos utilizan en los casos de macroalbuminuria es la indicación de una dieta baja en proteínas. Aparentemente, las proteínas aumentan el gran esfuerzo que deben realizar los riñones. Una dieta baja en proteínas puede disminuir la pérdida de proteínas en la orina y aumentar los niveles de proteínas en la sangre. Nunca comience una dieta baja en proteínas sin consultar con el equipo de profesionales de la salud que lo atiende.
Cuando los riñones dejan de funcionar, es necesario recurrir a la diálisis. El paciente debe decidir si continúa con la diálisis o si prefiere un trasplante de riñón. Esta elección debe hacerse en conjunto, con un equipo formado por el médico, el educador de diabetes, un nefrólogo (médico especialista en riñones), un cirujano especializado en trasplantes de riñón, un trabajador social y un psicólogo.
Cifras sobre la diabetes y la enfermedad renal
- Entre el 10 y el 21% de todas las personas con diabetes padecen nefropatía.
- Aproximadamente, el 43% de los casos recientes de enfermedad renal en etapa terminal [ESRD, end-stage renal disease] se atribuyen a la diabetes.
- La incidencia de ESRD causada por la diabetes está aumentando con más rapidez que la incidencia de ESRD debida a otras causas. Entre 1988 y 1991, la diabetes representaba el 33.8% de los nuevos casos de ESRD, en comparación con el 23% de nuevos casos registrados en 1982. En 1999, esa cifra alcanzó el 43%.
- En los Estados Unidos, según la información registrada, el índice de las personas con diabetes que padecen ESDR es más de 4 veces más alto entre personas afro-americanas, de 4 a 6 veces más alto en personas norteamericanas de origen mexicano y 6 veces más alto en americanos nativos en comparación con la población general de pacientes con diabetes.
- El riesgo de padecer ESRD es 12 veces mayor en personas con diabetes tipo 1 que en personas que sufren de diabetes tipo 2.
- En general, los pacientes con diabetes tipo 1 que desarrollan proteinuria persistente sufren de ESRD o fallecen después de alrededor de 5-10 años.
Trasplante de riñón
Como consecuencia de la diabetes, a veces los riñones sufren un daño irreversible. Cuando los riñones fallan, es necesario reemplazar su función, que consiste en limpiar la sangre. El trasplante de riñón es una opción.
Diálisis
La diálisis es una manera de limpiar la sangre con un riñón artificial. La diálisis es la forma más común de terapia en la que una máquina sustituye la función del riñón. Existen dos clases de diálisis: la hemodiálisis y la diálisis peritoneal.
No importa cuál escoja de las dos, la persona que se someta a un tratamiento de diálisis deberá trabajar junto con su equipo de profesionales de la salud para mantener la diabetes bajo control.
Hemodiálisis
En la hemodiálisis, un riñón artificial elimina los residuos de la sangre. Primero, un cirujano debe crear un “acceso”, es decir, un lugar en el que se pueda extraer sangre del cuerpo con facilidad y enviarla al riñón artificial para su limpieza. El acceso, que con frecuencia se realiza en el antebrazo, puede hacerse con los propios vasos sanguíneos del paciente o con la ayuda de un catéter. El acceso se encuentra en el interior del cuerpo y no puede verse desde el exterior. Por lo general, la intervención quirúrgica se lleva a cabo entre dos y tres meses antes del comienzo de la diálisis para que el cuerpo tenga tiempo de curar esa cicatriz.
La hemodiálisis debe realizarse entre dos y tres veces por semana y cada sesión dura de tres a cinco horas. La sangre viaja a lo largo del riñón artificial, donde se eliminan los productos de desecho y la sangre limpia regresa al cuerpo. En ningún momento, hay más de media taza de sangre fuera del cuerpo.
Por lo general, la hemodiálisis se lleva a cabo en una clínica, donde varias personas reciben el tratamiento al mismo tiempo. En el hogar, la hemodiálisis se lleva a cabo con la ayuda de otra persona, con frecuencia un familiar o un amigo.
La hemodiálisis no es la mejor alternativa para todas las personas que pueden necesitarla. Durante el tratamiento, las complicaciones posibles de la hemodiálisis incluyen presión arterial alta o baja, malestar estomacal o calambres musculares. Para mantenerse sano será necesario seguir una dieta especial. Con el paso del tiempo, pueden presentarse otros problemas como, por ejemplo, problemas nerviosos, anemia, enfermedades de los huesos, nutrición deficiente, infecciones, problemas con el acceso y dificultad para regular las dosis de insulina. En ocasiones, esas complicaciones se producen como resultado de la diabetes, no de la hemodiálisis.
Diálisis peritoneal
La diálisis peritoneal es otra clase de diálisis. Las capas membranosas que recubren el abdomen (peritoneo) cumplen la función de filtro. Un cirujano introduce un tubo plástico blando en el abdomen. Cuando el cuerpo logra cicatrizar la herida, un líquido limpiador (dializado) se introduce en el abdomen a través del tubo. El líquido dializado absorbe los productos de desecho y las toxinas a través del peritoneo. Posteriormente, el líquido dializado, junto con los productos de desecho, se elimina del abdomen.
Hay dos tipos principales de diálisis peritoneal: diálisis peritoneal continua ambulatoria (Continuos Ambulatory Catheter Dialysis, CAPD) y diálisis peritoneal continua cíclica (Continuos Cycler Peritoneal Dialysis, CCPD). Los pacientes pueden realizar la CAPD por sí mismos. Para realizar el tratamiento, deben unir una bolsa plástica con líquido limpiador al catéter en el abdomen y alzarla al nivel del hombro. De esa manera, el líquido fluye hacia el abdomen. Luego, la bolsa se descuelga o se envuelve alrededor de la cintura. Después de algunas horas, el fluido se drena y se desecha. Seguidamente, se coloca una nueva bolsa de líquido a través del catéter en el abdomen para comenzar nuevamente con el proceso de limpieza. Ese proceso se denomina “intercambio” y se extiende por un lapso de aproximadamente 30-45 minutos. Se realiza entre 4 y 5 veces por día. Entre cada intercambio, el paciente puede caminar y desarrollar las actividades cotidianas.
En el caso de la CCPD, una máquina se encarga de introducir el líquido limpiador en el abdomen y lo drena automáticamente. Por lo general, el tratamiento se realiza de noche mientras la persona duerme.
Para algunas personas, los tratamientos de CAPD y CCPD pueden ser una mejor opción que la hemodiálisis. Si la diálisis se lleva a cabo diariamente, el cuerpo no acumula demasiada cantidad de líquidos. Eso contribuye a reducir la tensión en el corazón y los vasos sanguíneos. Por consiguiente, las personas tienen más posibilidades de hacer una dieta menos estricta y contar con más tiempo para trabajar y viajar.
Sin embargo, la diálisis peritoneal no es recomendable para todas las personas. El paciente debe tener buena vista y realizar cada paso correctamente con el fin de prevenir infecciones en el abdomen. Al igual que en el caso de la hemodiálisis, el paciente puede padecer de anemia, de la enfermedad en los huesos y de una nutrición deficiente.
Su médico lo ayudará a decidir cuál es la mejor opción para usted: la hemodiálisis o la diálisis peritoneal. Lo que debe tener presente es que el control de la diabetes es fundamental, cualquiera sea el tipo de diálisis escogido.
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